Cuidado con los Lunares

En la adolescencia siempre se desean más lunares. Son sexys, llamativos y despiertan un cierto no sé qué en quienes los miran, que se vuelven en codiciados. Pero ¡cuidado! Los lunares tienen un pequeño secretito que te tienen que llevar a mirarlos de cerca y prestarle atención.

Los lunares son manchas con una pigmentación distinta en la piel y se desarrollan a partir de las células productoras de pigmento, llamadas melanocitos.

Los lunares pueden ser congénitos (nacer con ellos) o adquirirlos con el paso de los años, y aparecer en cualquier parte del cuerpo. La mayoría de los lunares son adquiridos.

Ciertamente la mayoría de los lunares son benignos, pero esto no quiere decir que le quietes la mirada de encima. Su crecimiento se puede desordenar y se pueden transformar en lunares malignos o cancerosos.

Asimismo pueden tener diversas formas, colores, texturas y tamaños. Con forma redonda, ovalada,…negros, rojos, azules o incluso del color de la piel. Su textura puede ser suave o rugosa, planos o con relieve, grandes o pequeños, con o sin vellos y pueden crecer solitarios o en grupos.

El melanoma es el tipo de cáncer de piel más agresivo que se puede diagnosticar, debido a que estas células malignas penetran la piel e invaden tejidos sanos cuando las tumoraciones no se atienden de manera oportuna.

El primer síntoma de un cáncer por melanoma es el cambio en la textura, tamaño y color de un lunar: los negros y de formas irregulares son de mal pronóstico. Según especialistas, la lesión maligna puede aparecer como un nuevo lunar con esas mismas características. Así que ¡cuidado!

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