Isla Catalina La Romana, República Dominicana
diciembre 30, 2011 | Por - Norys Velez

Al llegar a la isla es difícil concebir la idea de que en una porción de tierra tan pequeña pueda existir tanta belleza, en esta isla que se mantiene indefensa y desafiando las olas del Océano Atlántico, que cada día la bautiza con su eterno oleaje.

A pesar de ser tan pequeña, esta isla esconde atributos encantadores que hacen que un sin número de turistas, interesados en el disfrute de bellas playas y sol radiante, lleguen hasta este lugar para saborear estos maravillosos recursos de la naturaleza.

La “islita” tiene una superficie de 0.22 kilómetros cuadrados, lo que equivale a 350 tareas. Su litoral costero tiene dos kilómetros de longitud. Sus dimensiones máximas varían entre 880 metros de largo y 260 de ancho. Posee un “cayito” en su extremo sudeste, con una rica vegetación natural, el cual es el refugio preferido de una gran variedad de aves costeras migratorias.

Fauna y Flora en la Isla Catalina

El entorno en la Catalina, como algunos le llaman a la isla, se caracteriza por aguas cristalinas o transparentes. La parte occidental está cubierta por hierbas que le sirven de hábitat natural y de nicho ecológico a la vida marina circundante.

Está cubierta por una vegetación peinada como respuesta al predominio de los vientos locales del Este. Toda la vegetación posee arbustos, en forma de bonsái, así como cocoteros y manglares de varios colores, concentrados en el litoral costero de la isla.

En las platas, la mayoría muy pequeñas, se observan montículos de conchas de lambí como reflejo de la actividad de las olas, las praderas marinas donde viven y la pesquería, que han sido el uso que históricamente se le ha dado a este pequeño territorio insular. La avifauna domina el espacio con todo tipo de especias migratorias, entre las que se destacan tijeretas, gaviotas de varios colores y tamaños, pelícanos y patos.


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