Los espacios verdes cercanos a las ciudades representan focos de biodiversidad y mejoran la calidad de vida de los ciudadanos gracias a sus beneficios culturales y ambientales. Por lo tanto estos espacios verdes deben de ser restaurados y conservados para el bienestar común de la sociedad.
Expertos señalan los inmensos beneficios que suponen estos espacios naturales, ya que combaten el cambio climático reteniendo dióxido de carbono, reducen la contaminación acústica y lumínica, purifican el aire, el suelo y el agua, estabilizan el microclima de las ciudades, protegen el suelo de la erosión, albergan patrimonio cultural y constituyen un entorno saludable para el deporte y el ocio.
En Santo Domingo no nos quedamos atrás, ya que tenemos espacios naturales como el Jardín Botánico Nacional, el Parque Mirador Sur, Parque del Este, Mirador Norte, Zoológico Nacional y lo que se conoce como cinturón verde. Por ello, estas zonas naturales deberían contar con una protección especial para garantizar no sólo su conservación, sino la calidad de vida de los ciudadanos y a medida que la ciudad crece deben irse creando espacios verdes nuevos porque el desarrollo urbanístico dispersan estas áreas naturales. Por ejemplo, el caso de un área del Mirador Norte que fue utilizada para la construcción de un cementerio privado.
De igual manera, el equilibrio natural se rompe por múltiples amenazas. La masificación incontrolada de visitantes a estas áreas, y la sobre explotación de los recurso naturales y destrucción de la vegetación. La transformación artificial es también una amenaza grave ya que la limpieza mediante tala de árboles, el drenaje de humedales o el cambio de los cursos naturales de los ríos y sus crecidas son algunos ejemplos.
Los responsables de protección y restauración deben también tener en cuenta la variada tipología de estos espacios naturales para aplicar medidas adaptadas a sus especificaciones.